La reforma, siempre buena opción para tu nueva casa

No podía quedarme aquí en mi casa ni un momento más, el olor era abrumador. Habíamos estado en largas listas de casas abiertas y Caleb se había estado concentrando en algunos suburbios selectos tratando de encontrar el siguiente proyecto para nosotros. Llegué a ver algunas cosas que preferiría no ver: dibujos inapropiados en las paredes, dormitorios que se sienten muy “cincuenta tonos de gris” (no me refiero al color de la pared), acaparamiento. Pero esta fue la más memorable de todas. En la casa abierta entramos en una habitación con un inquilino varón tendido sobre una cama en el salón, sin camisa, fumando, quien dijo que teníamos que mantener la puerta cerrada ya que había cuatro gatos a los que no se les permitía salir.

Conté 8 cajas de arena, aunque por el olor me di cuenta de que no era el único lugar donde estos gatos hacían sus necesidades. Me quedé afuera tratando de no vomitar, Caleb me miró sin saber qué esperar y se estaba preparando para comenzar su discurso de venta. Recuerdo lo que dije a continuación como si fuera ayer: “No puedo estar en esa casa un minuto más, pero tenemos que tenerlo”.